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Metal y subgéneros: el árbol genealógico del sonido más pesado

🗓️ Feb 24, 2026 ✍️ David Jimenez Más en Artículos
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Las raíces: del blues oscuro al heavy clásico

Todo comienza con un tritono, el 'intervalo del diablo'. A finales de los 60, Black Sabbath tomó el blues pesado de Cream y Blue Cheer, le añadió una atmósfera de terror cinematográfico y ralentizó el tempo, creando la fórmula fundacional. Este heavy metal primigenio evolucionó con bandas como Judas Priest, que pulieron el sonido y definieron la estética de cuero y tachuelas, e Iron Maiden, que incorporaron melodías épicas y líneas de bajo virtuosas. Esta rama, el heavy metal tradicional, prioriza los riffs memorables, los solos de guitarra y las voces limpias y potentes, sentando las bases técnicas y temáticas de todo lo que vendría después.

La aceleración: thrash, speed y la furia de los 80

La energía del punk y la complejidad del heavy metal chocaron a principios de los 80, dando a luz al thrash metal. Bandas como Metallica, Slayer, Megadeth y Anthrax en Estados Unidos, y Kreator y Sodom en Alemania, llevaron la velocidad y la agresión a nuevos límites. Los tempos se dispararon, los riffs se volvieron más angulares y las letras abordaron la injusticia social, la guerra y el lado oscuro de la psique. Del thrash nació el speed metal, aún más rápido, y se sentaron las bases para el metal extremo. Fue una revolución que demostró que la potencia podía ir de la mano de una técnica impecable.

El abismo: el nacimiento del metal extremo

A finales de los 80, la búsqueda de límites más allá del thrash condujo a dos caminos paralelos y oscuros. En Florida, el death metal de Death, Morbid Angel y Cannibal Corpse profundizó en la distorsión, con voces guturales ininteligibles, tempos cambiantes y letras que exploraban la muerte, el horror y lo macabro con crudeza cinematográfica. Casi simultáneamente, en Noruega, el black metal de Mayhem, Burzum y Darkthrone adoptó una producción lo-fi deliberada, voces chirriantes, blast beats frenéticos y una atmósfera de frío y misantropía, ligada a una estética y una ideología transgresora que marcó la cultura del género para siempre.

Ramificaciones técnicas y atmosféricas

Mientras el extremo exploraba la oscuridad, otras ramas priorizaron la complejidad y la textura. El progressive metal, con pioneros como Queensrÿche y Dream Theater, incorporó estructuras de canción no convencionales, métricas complejas y influencias del jazz y la música clásica. En el lado opuesto, el doom metal (con sus derivados sludge y stoner) heredó el tempo lento y pesado de Sabbath, creando paisajes sonoros densos, melancólicos y abrumadores. El power metal europeo, por su parte, abrazó la melodía, la fantasía épica y la velocidad, ofreciendo una contraparte luminosa y virtuosa a las ramas más oscuras del árbol.

Fusiones y evolución contemporánea

El árbol del metal nunca dejó de crecer. Los 90 vieron la explosión del nu metal, que fusionó grooves de metal con rap, turntablism y sonidos industriales (Korn, Linkin Park). El metalcore y el deathcore mezclaron la ferocidad del extreme metal con los breakdowns del hardcore punk. El post-metal exploró la ambientación y la construcción de climas (Neurosis, Cult of Luna). Hoy, bandas como Gojira o Meshuggah siguen innovando, demostrando que el metal es un lenguaje vivo, donde cada subgénero es un dialecto con su propia gramática de distorsión, ritmo y emoción.

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