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Del Black Sabbath al Djent: Un Mapa Sonoro del Metal

🗓️ Feb 24, 2026 ✍️ David Jimenez Más en Artículos
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La Raíz Inquebrantable: El Heavy Metal Clásico

Todo comienza con un sonido más lento, más pesado y más ominoso que el rock de su época. A finales de los 60 y principios de los 70, bandas como Black Sabbath, Deep Purple y Led Zeppelin (aunque este último a menudo se debate) sentaron las bases. Riffs de guitarra potentes y memorables, solos virtuosos, una sección rítmica contundente y voces que oscilaban entre lo épico y lo desgarrado definieron este núcleo. Este es el tronco del que todo brota: un espíritu de potencia, teatralidad y una actitud que desafía lo establecido. Judas Priest y Iron Maiden luego pulirían esta fórmula, añadiendo velocidad, dualidad de guitarras y narrativas épicas, consolidando el sonido que el mundo reconocería como heavy metal por excelencia.

Las Ramas de la Furia: Thrash, Death y Black

A mediados de los 80, la necesidad de velocidad y agresión hizo que el metal se bifurcara en caminos más extremos. El thrash metal, con Metallica, Slayer, Megadeth y Anthrax a la cabeza, tomó la velocidad del hardcore punk y la fusionó con la complejidad técnica del metal, creando un sonido frenético y socialmente crítico.

Poco después, el death metal (con pioneros como Death, Morbid Angel y Cannibal Corpse) llevó la distorsión, la velocidad de batería (blast beats) y los riffs técnicos a otro nivel, utilizando voces guturales ininteligibles y letras que exploraban la oscuridad de manera más gráfica.

En paralelo, el black metal, surgido principalmente en Escandinavia con bandas como Mayhem, Burzum y Darkthrone, optó por una producción más cruda (lo-fi), voces chirriantes, atmósferas gélidas y temáticas centradas en el satanismo, el paganismo y la misantropía, creando una estética y una filosofía única dentro del extremo.

Explorando Texturas y Atmosferas: Doom, Progressive y Más

No todo en el metal es sobre velocidad. Otras ramas priorizaron la atmósfera, la pesadez cruda o la experimentación. El doom metal (heredero directo de los primeros Sabbath) ralentiza el tempo al máximo, enfatizando riffs pesados como montañas, desesperación y una sensación de fatalidad inminente. Bandas como Candlemass o My Dying Bride son ejemplos clave.

El metal progresivo, por su parte, tomó la complejidad técnica y la llevó a estructuras de canciones no convencionales, métricas cambiantes y fusiones con jazz, música clásica o folk. Dream Theater, Tool y Opeth son pilares de esta rama que valora la virtuosidad y la narrativa musical compleja.

Otras derivaciones notables incluyen el gothic metal (con voces femeninas operísticas y atmósferas oscuras, como en Theatre of Tragedy), el folk metal (que incorpora instrumentos y melodías tradicionales, como hace Ensiferum) y el industrial metal (fusionando guitarras pesadas con electrónica y samples, ejemplificado por Ministry o Nine Inch Nails).

Fusiones y Evoluciones Modernas: Del Nu Metal al Djent

Los años 90 y 2000 vieron al metal cruzarse con otros géneros dominantes. El nu metal (Korn, Limp Bizkit, Slipknot) incorporó influencias del hip-hop, el funk y el rock alternativo, usando a menudo bajos slap, DJs y voces que mezclaban rapeo, canto y gritos, con una actitud más urbana y nihilista.

El metalcore y el deathcore fusionaron la agresión y los breakdowns (partes rítmicas pesadas y sincopadas) del hardcore con los riffs y voces guturales del metal extremo. Bandas como Killswitch Engage o Bring Me The Horizon (en sus inicios) popularizaron este sonido.

La evolución más técnica reciente podría ser el djent, un subgénero del metal progresivo caracterizado por el uso de guitarras de muchas cuerdas (7 u 8), un sonido de palm mute muy sincopado y "pegajoso" (que onomatopéyicamente suena a "djent"), y una extrema complejidad rítmica. Meshuggah es su padre indiscutible, e influye a bandas como Periphery o TesseracT. Esta rama demuestra que el árbol del metal sigue creciendo, buscando constantemente nuevos territorios de pesadez y complejidad.

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