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De bares casi vacíos a contratos millonarios: un 24 de febrero que marcó al rock

🗓️ Feb 25, 2026 ✍️ David Jimenez Más en Artículos
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El calendario del rock está lleno de fechas que parecen escritas por un guionista con sentido del drama. El 24 de febrero es una de ellas. En un mismo día convergen imágenes que representan los dos extremos de la industria musical: unos jóvenes The Rolling Stones tocando ante apenas 60 personas en un pequeño hotel inglés, y décadas después, el fichaje millonario de un bajista que cambiaría la historia de Metallica.

Es la clase de contraste que recuerda que el rock puede nacer en un escenario diminuto y, con el tiempo, mover cifras y multitudes impensables.


Cuando los Stones aún no eran leyenda

En 1963, mucho antes de convertirse en una institución del rock mundial, los Rolling Stones eran solo un grupo de jóvenes obsesionados con el blues americano. Aquella noche del 24 de febrero tocaron en el The Station Hotel, en Richmond, Surrey.

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La cifra de asistentes hoy resulta casi irreal: alrededor de 60 personas. Nada de estadios, nada de giras internacionales. Solo un pequeño recinto, un público reducido y un pago de 24 libras por formar parte de una residencia semanal.

En esa etapa inicial, el repertorio del grupo estaba compuesto casi exclusivamente por versiones. Se habla de cerca de 80 canciones ya montadas, todas inspiradas en los grandes maestros del rhythm & blues y el rock and roll. Entre sus referencias figuraban nombres como Jimmy Reed, John Lee Hooker y Chuck Berry.

La escena es poderosa: futuros gigantes del rock interpretando clásicos de sus ídolos ante un puñado de espectadores. En ese momento, nadie podía imaginar que años después llenarían estadios en todo el planeta y se convertirían en una de las bandas más influyentes de todos los tiempos.

Aquella noche en Richmond no fue histórica por la cantidad de público, sino por lo que representaba: el inicio real de una trayectoria que redefiniría el sonido y la actitud del rock británico.

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George Thorogood: carretera, blues y resistencia

Pero el 24 de febrero no solo evoca comienzos humildes. También marca el nacimiento de un auténtico trabajador incansable del rock: George Thorogood, nacido en 1950.

Thorogood encarna el espíritu del músico de carretera, ese artista que vive para tocar en directo. A lo largo de su trayectoria ha compartido escenarios con nombres gigantescos como Bonnie Raitt, los propios The Rolling Stones y Bob Dylan. Incluso participó en el mítico Live Aid, uno de los conciertos más emblemáticos de la historia de la música.

Su carrera está marcada por una ética casi obsesiva por el directo. Un ejemplo legendario es su gira “50/50”: tocar en los 50 estados de Estados Unidos en 50 días consecutivos. Una hazaña que pocos artistas podrían siquiera plantearse.

Con 15 discos publicados y más de medio siglo sobre los escenarios, Thorogood demuestra que el rock no siempre se mide por cifras astronómicas, sino por constancia, entrega y fidelidad a un estilo. A sus 76 años, sigue girando, reafirmando que la carretera continúa siendo su verdadero hogar.


El día que Metallica cambió su historia

Si el pasado del 24 de febrero nos lleva a un pequeño hotel en Inglaterra, el mismo día en 2003 nos sitúa en una oficina donde se firmó uno de los contratos más comentados del metal moderno.

Ese día, Metallica oficializó la incorporación de Robert Trujillo como nuevo bajista. La banda atravesaba un momento delicado tras la salida de Jason Newsted, y necesitaba no solo un músico técnicamente solvente, sino alguien capaz de integrarse en la química interna del grupo.

Trujillo no era un desconocido. Antes de llegar a Metallica había formado parte de Suicidal Tendencies, y más tarde se unió a la banda de Ozzy Osbourne. Su presencia escénica, su estilo contundente y su dominio del bajo ya habían llamado la atención años atrás.

Hay quien recuerda que en una gira de principios de los 90, cuando Metallica coincidió con Suicidal Tendencies, pudo haber surgido la chispa inicial. Ver a Trujillo en acción habría sido suficiente para que alguien en la banda pensara: “algún día podría estar aquí”.

Tras superar la audición en 2003, llegó la llamada definitiva. La propuesta incluía un incentivo tan contundente como simbólico: un millón de dólares como adelanto por unirse a la banda. Una cifra que evidenciaba tanto la magnitud de Metallica como la importancia estratégica de aquella incorporación.

Desde entonces, Trujillo se convirtió en una pieza clave en la etapa moderna del grupo, participando en discos y giras que reafirmaron su estatus como uno de los gigantes del metal.


Dos extremos de una misma historia

Lo fascinante de este 24 de febrero es el contraste brutal entre escenas.

Por un lado, cuatro jóvenes interpretando versiones de blues ante 60 personas en un hotel modesto, cobrando apenas 24 libras. Por otro, un músico consolidado recibiendo una oferta millonaria para integrarse en una de las bandas más grandes del planeta.

Ambos momentos, sin embargo, forman parte del mismo relato: el del crecimiento, la perseverancia y la evolución dentro del rock.

Los Rolling Stones demuestran que toda leyenda tiene un origen humilde. Metallica, que incluso en la cima se siguen tomando decisiones que redefinen su rumbo. George Thorogood, que el éxito no siempre se mide en cifras, sino en kilómetros recorridos y escenarios conquistados.

El 24 de febrero no es solo una fecha curiosa. Es un recordatorio de que el rock puede nacer en un bar casi vacío, madurar en giras interminables y alcanzar contratos millonarios sin perder su esencia.

Porque al final, ya sea ante 60 personas o ante millones de fans en todo el mundo, lo que realmente sostiene esta historia es la misma energía: la pasión por subirse a un escenario y tocar.

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